Cuatro policías fueron asesinados a balazos tras caer en una emboscada

Cuatro policías fueron asesinados a tiros después de ser atraídos a una emboscada en el oeste de México, y hasta ocho presuntos atacantes murieron en un tiroteo con otros policías que acudieron al lugar, dijeron las autoridades el jueves.

Luis Joaquín Méndez, fiscal jefe del occidental estado de Jalisco, dijo que cuatro policías municipales de la ciudad de El Salto respondieron a una llamada el miércoles por la noche sobre hombres armados en una casa.

Una vez que llegaron, una mujer abrió la puerta y les dijo que no pasaba nada. Pero hombres armados adentro abrieron fuego contra los oficiales, algunos de los cuales fueron arrastrados a la casa y asesinados, dijo el fiscal.

El gobernador Enrique Alfaro escribió que aparecieron refuerzos policiales y se enfrentaron a tiros con los sospechosos, matando a ocho e hiriendo a tres.

Más tarde, la oficina del fiscal dijo que se encontraron nueve cuerpos en la casa: los cuatro policías y cinco presuntos pistoleros. Tres cuerpos más, dos hombres y una mujer, fueron encontrados en una propiedad cercana, dijeron.

Los fiscales dijeron que los muertos probablemente eran miembros de una pandilla que aparentemente secuestraba a las víctimas en una de las propiedades. Los investigadores también encontraron los restos descuartizados de otro hombre en bolsas de plástico.

Ricardo Santillán, jefe de policía de El Salto, calificó la emboscada como “un acto de cobardía”.

El Consejo de Obispos Católicos de México emitió el jueves una carta abierta en la que pide al gobierno que cambie de rumbo en materia de seguridad, comentando tres días después de que dos sacerdotes jesuitas fueran presuntamente asesinados por un líder de una banda de narcotraficantes dentro de su iglesia en un pueblo remoto en el norte de México.

“Es hora de revisar las políticas de seguridad que están fallando”, escribieron los obispos, llamando a un “diálogo nacional” para encontrar soluciones.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha declarado que su gobierno ya no se enfoca en detener a los líderes del cartel de la droga, y en 2019 ordenó la liberación de un líder capturado del cartel de Sinaloa para evitar un derramamiento de sangre.

López Obrador ha implementado una estrategia que él llama “abrazos, no balas” y en ocasiones parece tolerar a las pandillas, e incluso las elogió en un momento dado por no interferir en las elecciones.

Cuando se le preguntó en su rueda de prensa matutina diaria si tenía la intención de cambiar de estrategia, López Obrador dijo: “No, más bien al revés, este es el camino correcto”.

Se enfrentó a preguntas sobre el hecho de que ha habido más asesinatos en sus tres años y medio en el cargo que en los seis años del presidente Felipe Calderón entre 2006 y 2012, a quien López Obrador acusa con frecuencia de ser responsable de un derramamiento de sangre innecesario.

“Es que recibimos una tasa de homicidios que estaba en su punto más alto, muy arriba, ya Calderón no se le entregó el país así. Lo aumentó”, dijo López Obrador.

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